viernes, abril 07, 2017

Como cruzó la meta antes que yo le tocaba escribir la crónica. Espero que os guste:

Viti me prometió sol y vistas espectaculares. No sé por qué, le creí…

Para los que tenéis o planeáis tener pequeñuelos, ya os imagináis los desafíos logísticos de arrastrar a tu familia a uno de estos eventos cuando el tiempo no acompaña (todo es más fácil cuando hace sol y los peques pueden corretear cual jabatos salvajes por los alrededores de la carrera). Para que te saluden ese breve instante en la meta -cuánta potencia dan esos gritos de ánimo, verdad? La mejor barrita enérgetica que te puedes embutir- ellos tienen que esperar durante horas.

     
Superada esta fase preparatoria y dejando a las familias asentadas, el Viti y yo fuimos a la salida. Allí vacíamos la vejiga como corresponde, varias veces en mi caso porque por un lado estoy abuelo y por otro me excito como un chiquillo con estas cosas. Después calentamos profesionalmente mientras Viti gruñía intentando convencerme de que saliéramos con la oleada 1 en vez de la 2 como nos tocaba. Aquí no me pudo convencer, así que se tuvo que conformar con hacerse unos selfies conmemorativos mientras esperábamos nuestro turno “oficial”.

Chispeó un poco, pero nada grave, así que metí el chubasquero en el bolsillo… Viti me dice que correremos juntos hasta el avituallamiento, y luego cada uno que haga lo que pueda (lo que quiso decir es “primero te doy cancha, y luego te voy a hacer morder el polvo”).

Y anunciaron la salida!

El primer tramo son unos 700 metros sobre arena blanda de playa. Ideal para disparar tus pulsaciones más allá de 170 nada más empezar (ya sé que ésto no es nada para ciertos postureos, pero para mí es cerca del “límite flato”). Menos mal que hemos calentado bien; cada vez que se me hunde un pie en la arena hago un esfuerzo por recordar que he pagado por participar en ésto y tengo que disfrutarlo!

Después tenemos un trecho de 1 kilómetro o así sobre asfalto, antes de llegar al camino de tierra, piedras, barro y charcos del acántilado. Se puede ir más deprisa que sobre las arenas movedizas de antes, pero hay que controlar las pulsaciones para evitar flato maligno. Víctor va tan pancho como si estuviera dando un paseo por la playa – hey, hasta cierto punto es verdad.

Empezamos a trepar la suave pendiente del camino. Los tres primeros charcos te molestas en esquivarlos, pero después da lo mismo y chapoteas en ellos con jolgorio poco disimulado. Hemos entrado en calor y se me ocurre la insolencia de pedir en voz alta un poco de lluvia para refrescarnos. Pagaríamos por ello.

La pendiente es suave e irregular, pero manejable. Más complicado es esquivar los pedruscos que asoman entre el barro como los dientes de un dinosaurio carnívoro (tenía que meter alguna referencia para biólogos frustrados como yo). Voy tan concentrado en mis pisadas que apenas me fijo en el paisaje o las vistas al mar. Dicen que son preciosas; yo me las perdí todas.


Llegamos al mini punto de avituallamiento: apenas una mesita plegable con vasos de cartón con agua, justo a mitad de recorrido. Se agradece echar un trago, da casi energía y todo. Según nuestro acuerdo inicial, ahora empieza la carrera de verdad, así que Víctor se despega de mí y tira para alante con sus patas de garza. Cuando sea mayor quiero ser alto como él y no medir menos que los niños de 12 años de hoy en día (qué comen las nuevas generaciones??).

Descendemos hacía Bray, y los dioses de la tormenta responden ahora a mis plegarias anteriores, enviando chorros de agua intensos y constantes. Como dirían en Irlanda, “llueven perros y gatos”. En apenas unos minutos estoy calado hasta los calzoncillos. Demasiado tarde para ponerse el chubasquero que llevo en el bolsillo, supongo… aunque con ese volumen de agua, habría dado igual.

Se acaba el camino y dejamos atrás el barro y los charcos. Ahora viene el trozo más molesto, quizás porque empieza a notarse el cansancio: un kilómetro y medio sobre piedras sueltas, como gravilla gorda, en la playa de Bray. Lo bueno es que se ve la meta ya en la distancia. Lo malo es que hay que pasarla, seguir unos quinientos metros, y luego volver a ella – tortura psicológica. Muchos cobardes se salen al paseo marítimo asfaltado que va paralelo a la playa. Nosotros no! Seguimos adelante como buenos machos peludos y valientes!

Para mi sorpresa, alcanzo a Víctor y le paso en este tramo. Me está dejando ganar? Es una trampa para luego adelantarme en plan sobrado en la recta final? Decido ponérselo difícil y aprieto el ritmo todo lo que puedo. Correr sobre estos pedruscos redondeados (como piedras de río medianas) es casi tan cansado como correr sobre arena suelta. Veo a la familia animando y éso me da un chute de energía. Están casi tan mojados como yo, después de esperar bajo la lluvia media hora (fueron un tanto optimistas con mi tiempo de llegada!).

Enfilo la recta final, unos 500 metros sobre asfalto. Víctor sigue a unos 20 metros por detrás… está planeando algo maléfico, seguro! Quiere pasarme en plan correcaminos en este ultimo trozo!

Pongo toda la energía restante en las piernas e intento ignorar la sensación de ahogo cuando siento que la nariz se me empieza a cerrar por dentro.

Acelerón final y cruzo la meta antes que el patas de garza, increíble! Él llega unos segundos después – está claro que si no hubiera ido a mi lado hasta el kilómetro cinco, y hubiera ido a su propio ritmo desde el principio, habría llegado él primero. Pero ahora puedo decir que le he ganado!

Total, los 10 km en 51 minutos. Teniendo en cuenta las superficies molestas sobre las que hemos corrido, las cuestas arriba, y los trechos de escalones, es un resultado razonablemente bueno.

    

Totalmente calados recogemos nuestra camiseta y comida, y nos reunimos con la familia, que tienen esa cara mezcla de “Qué contentos estamos por vosotros” y “Qué cansados estamos de esperaros, machotes”. Qué seríamos nosotros sin el apoyo de nuestras familias y sus sacrificios para permitirnos poder hacer estas cosas?

La calada tremenda me recompensaría con un resfriado y tos intensa durante los cuatro días siguientes, pero la marca que he dejado en mi training log para este día no se borrará nunca J Eso sí, no sé si me voy a dejar convencer para otro año… a menos que me garanticen sol y vistas espectaculares, claro.

-Aurax aka Pitiflauticus

Posted on viernes, abril 07, 2017 by Víctor Herranz Villagrán

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lunes, abril 03, 2017


Primera entrega de Video Blog. Simplemente probando la cámara y experimentando con este, para mi, nuevo cooncepto.



No se entiende demasiado esa parte, pero el plan este año será montar mi propia marcha cicloturista, ~120 kilómetros desde Bray hasta Wexford por carreteras secundarias lo más pegado a la costa posible; salir temprano de casa y reunirme con la familia en Wexford justo a tiempo para comer.

Prometo intentar mejorar con los videos para entonces.

Posted on lunes, abril 03, 2017 by Víctor Herranz Villagrán

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sábado, abril 01, 2017

Salio un día lluvioso, como no podia ser de otra forma; pero se disfrutó igualmente, que era de lo que se trataba. Por aquí el resumen gráfico del día:



Sí, me he comprado una "action cam" y sí, proximamente vereis más vídeos por aquí y presumiblemente menos texto, aunque como podeis ver está uno muy verde todavía.

Aunque no lo cuente en el vídeo Alberto llego por delante, asi que será su crónica la que leereis por aquí en los próximos días, seguro que merecera la pena.

Cierro con el resumen de Strava por si os intriga el recorrido; seguramente también vereis de estos por aquí más a menudo.


Esto es todo por hoy, besos para ellas y abrazos para ellos.

Posted on sábado, abril 01, 2017 by Víctor Herranz Villagrán

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jueves, marzo 23, 2017

Más vale tarde que nunca supongo. Después de un primer trimestre hibernando, este año toca empezar la temporada el 1 de abril en la idílica prueba Bray Cliff Run 10KM.


Idílica siempre y cuando no nos salga un día de perros como el año pasado. Con más kilos, más sueño y la ya clásica falta de entrenamiento, me presentaré en la línea de salida con Alberto, buscando sobre todo empezar cuanto antes la hidratación post carrera, a ser posible con todos los huesos intactos.

Nada más en el horizonte de momento, pero la idea es que esto sea el punto de partida para una mayor actividad y no la excepción en el inevitable declive de mi epoca dorada como globero de elite.

Si sale bien lo leereis por aquí, si sale mal, nos vemos en los bares.

Posted on jueves, marzo 23, 2017 by Víctor Herranz Villagrán

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jueves, diciembre 29, 2016

Ya casi se me había olvidado que tengo un blog. La falta de tiempo y de cosas que contar han dejado este pequeño rincón huérfano de contenido para desgracia de mis incondicionales seguidores.

No pinta que la situación vaya a cambiar mucho de cara a 2017, pero no me podía resistir a cerrar el año con mi ya famoso Resumen de lo que ha dado de sí 2016 a nivel deportivo mas allá del mapa de actividad de Strava:


2016 ha sido el año en el que ha nacido nuestro segundo hijo, Adam, y lógicamente toda mi actividad ha estado supeditada a este hecho. Aun así, mientras la cosa se iba gestando en la barriga de Aurora me las apañé para ir matando el gusanillo con distintos eventos.

Empezamos en febrero con el Naas Duathlon, mi vuelta a esta disciplina después de casi 2 años separados. Como bien dice la crónica, un día de perros en lo Meteorológico pero positivo por el resultado y, sobre todo, las sensaciones.


De nuevo acompañado por la lluvia tomaba salida en la Bray 10k Cliff Run, donde cumplí la papeleta como pude, con pocas ganas y peores sensaciones; había ganas de volver a la bici y centrarse en el evento estrella de la temporada, el Tour de Connemara.


Escogido estratégicamente solo unos días antes de la esperada llegada de Adam, el idílico escenario de Conemmara y las tranquilas carreteras de la región eran aliciente suficiente para afrontar los más de 140km de la marcha; en la crónica lo tenéis todo con detalle. El resumen ya desde la distancia: excelente experiencia que hay que repetir.


El 12 de junio nació Adam, y todo esto quedó en un segundo o tercer plano. Aun así, en la tipica situacion de "no hay cojones" me vi tomando la salida en la media maratón Rock'n Roll de Dublín acompañado de buenos amigos (y del señor postureo también); os ahorraré la típica lista de excusas y penurias que pasé ese dia, solo diré que he salido a correr un total de 10 días desde entonces.


Y hasta aquí el resumen, omito deliberadamente hacer referencia alguna a mi post inaugural del año, ya que he fallado vilmente a la hora de mantener mi compromiso, quizá algun día escriba las entradas mencionadas, quizá no.

Ni idea de lo que traerá de nuevo 2017, ni de las cosas que podré o no podré hacer. De momento no hay nada planeado, ni prisa alguna por buscar eventos. Si tienen que llegar llegarán y por aqui seran contados. Y si no, nos vemos por los parques.

Gracias de nuevo a todos/as por haber parado aunque sea un rato por mi bitácora y ¡FELIZ 2017!

*Actualización: incluyo en video resumen que ofrece Strava con mis estadisticas de 2016




Posted on jueves, diciembre 29, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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lunes, agosto 08, 2016

Ayer tocó dar el callo en la media maratón Rock'n Roll de Dublín, con un día de mucho viento, poco entrenamiento y demás naderias que suelo contar por aquí.

Pero hoy le voy a dar un enfoque distinto, hoy no voy a publicar mi crónica ni mis peripecias ni pensamientos; hoy comparto con vosotros la crónica de uno de los amigos que compartió conmigo la carrera, uno recien llegado al mundo de la actividad fisica y que le ha apetecido compartir de primera mano sus peripecias en mi blog. Por aqui la teneis, espero que os guste: 

De patata de sillón a correr media maratón.


He tenido el honor de ser invitado a describir mi experiencia en la Media Maratón de Dublin “Rock and Roll” en esta Bitácora de la Nada. Gracias, maestro Herranz! Espero estar a la altura.

Y quién soy yo? Pues un chaval también nacido en el 79 como nuestro Víctor. He pasado la mayoría de mi vida siendo un “couch potatoe”, como dicen por las Irlandas – es decir, no siendo activo físicamente, no practicando ningún deporte regular, y acumulando kilitos de más. Pero hace un año y medio mi mujer me apuntó a una de esas carreras de barro, obstáculos y puñetas variadas (te disparaban con rifles de airsoft, pasabas por obstáculos con cables que daban calambre, te sumergías en agua helada, cruzabas arenas movedizas, y demás fuentes de jolgorios y placer, durante 10km) . “Hell and Back”, se llamaba aquel evento – al que por cierto, Víctor se negó a unirse por razones de falta de coraje… lo que viene a ser un caso de acojone profundo. Pero por lo menos vino a aplaudirnos a la línea de meta!

El caso que, para prepararme para aquella carrera-tortura, que representaba algo mucho más duro que cualquier otra cosa que hubiera hecho antes (deportivamente, se entiende), conté con la ayuda de mi buen amigo Héctor –un loco de esos que se ha hecho un Iron Man completo- que me preparó un plan de entrenamiento consistente. Empecé a correr entonces… y aún sigo. Y por cierto… el Hell and Back fue una experiencia maravillosa, en serio.


Pero a lo que vamos. Esta media maratón era mi segunda, tras la de Madrid en Abril en la que acabé medio muerto y con un tiempo de 2h 25min. Para esta carrera esperaba mejorar esa marca en 10 mins, y contaba con la motivación adicional de correrla con (o “en contra de”) varios queridos amigos (Victor, Angel, Talar, Jorge, Jose Antonio “el cuñado”…). No voy a poder contaros mucho de ellos porque no les vi prácticamente nada; cada uno nos metimos en nuestro propio ritmo enseguida, y tiramos millas individualmente (con una emocionante excepción que detallo más adelante).

Así que en las siguientes líneas me centro en lo que viví y sentí yo ese día. Mi crónica es la siguiente:

-Antes de empezar: j**er qué fresquete que hace! Es Agosto pero nada que ver con una mañana soleada en la tierra del jamón y las croquetas, de esas que te quitas la camiseta antes de empezar… aquí en Dublin estamos a unos 12 grados de “real feel”. De todas formas, encontrarse con la gente que conoces y darles abrazos y besos de ánimo ayuda mucho y va subiendo el nivel de excitación y alegría. Aprovecho para echar una meadilla, que mi vejiga ya no es joven y aguanta poco!

-En el corral de salida: el ambiente es bueno, la gente está ilusionada, impaciente, feliz de participar. Vemos corredores disfrazados de bandas de rock y llevando guitarras eléctricas inflables. Vaya ganas de cargar con semejante trasto durante 21km! Merecen una medalla extra. Vamos saliendo por oleadas, así que nosotros (en el corral 12) tuvimos que esperar casi 20 mins a que llegara nuestro turno. Pero allá vamos!


-Kms 0 a 7: los colegas desaparecen en la distancia, ni que les pagaran por esto! Yo me lo tomo con más calma, manteniendo un ritmo cómodo de 10km/h (6 mins/km), incluyendo la correspondiente parada a mear (ya os digo que mi vejiga no está para bromas, la pobre!). Se supone que hay bandas tocando y que vamos pasando por sitios emblemáticos de Dublin. Siendo sincero, no recuerdo nada de todo eso, iba totalmente concentrado en mi pisada, mi ritmo, y en observar a otros corredores (sobre todo, aquellas participantes con licra apretada, ya os imagináis… para que lo vamos a negar).

-Kms 8 y 9: me da el bajoncillo. Ya sabéis de lo que hablo. El cerebro se pone en modo automático-negativo, se te sube el demonio rojo al hombro y empieza a susurrarte en el oído con voz falsamente preocupada “Huy, ese dolor en la rodilla izquierda está yendo a mas, eh? Yo creo que no acabas. Y si te paras un rato? Aaaay, ya sabía yo que no habías entrenado suficiente…” y demás “mierda de toro” (bullshit) que tienes que obligarte a ignorar. Supongo que parte de este bajón se debe a pasar por delante de unos tipos que se habían puesto a hacer una barbacoa delante de su casa, a un metro de la carretera por la que estábamos pasando – obviamente con intenciones maliciosas y desmoralizantes… quién se pone a hacer barbacoas un domingo a las 9:30 de la mañana en un día ventoso y nublado? Deberían inventar un nuevo tipo de crimen punible para esta gente… el olor delicioso fue desmoralizante.


-Kms 10 a 17: algo pasa cuando echo un trago de agua en una de las paradas de avituallamiento. Es casi mágico. Me sube la energía de golpe y me sorprendo a mí mismo incrementando mi velocidad a 5:40 mins/km sin problemas y con ganas de mantenerla. El demonio se esfuma de mi hombro y me siento fuerte, relajado, concentrado, fluyendo durante kms y kms. Llegamos al Phoenix Park y empieza la risa de las cuestas arriba y abajo, con viento fuerte de frente en algunos casos, pero da igual – lo que sea que burbujea en mi interior me hace seguir a un ritmo intenso que nunca había mantenido durante tanto tiempo y con una sonrisa en la cara; acordaos de que soy un expatata. Un momento genial fue encontrarse con Héctor corriendo a mi lado de paisano durante un minuto mientras me hacía un video… reportaje en directo! Una manada completa de ciervos se cruza en nuestro camino, a apenas unos metros de distancia de mí, fantástica visión que aportó un toque fantástico a la carrera. Me paré un momento a regar un árbol con mis orines – hay que contribuir a mantener el bosque sano.

-Kms 18 a 20.5: sigo sintiéndome fuerte y motivado. Sabiendo que ya queda poco, intento incrementar más la velocidad, a unos 5:35/5:30. Empieza a ser difícil respirar. Empiezan a doler las articulaciones y las plantas de los pies protestan por el martilleo constante. Ahora aparece el angelito blanco en mi otro hombro, el que dice “venga que no queda nada, dale fuerte que luego estarás orgulloso, vamos campeón que lo mismo pillas al Víctor y todo” (wishful thinking… I know :D Pero de ilusión también se vive).

-Km 20.5 a línea de llegada: me cruzo con “el cuñado” cuando queda menos de un kilómetro para llegar (mira! Alguien que conozco! Qué ilusión) y nos picamos para ver quién “gana”. Un sprint de esos que te arrancan todo el aire del pecho y te dejan con las piernas temblando. Pero cruzamos la meta a la vez! No fui el último de la carrera! Ja!

-Celebraciones: miro el relojito con ansiedad contenida, y el resultado me deja feliz y perplejo… 2 horas y 2 minutos! 23 mins menos que en la anterior media maratón! Un 15% más rápido! Y no solo eso, sino que me sentía bien – cansado, sí, pero no machacado. Mi rivales (y sin embargo amigos) apenas me sacaron un puñado de minutos de ventaja. Fui a buscar a mi camiseta de recompensa y a encontrarme con el resto de la gente, mientras notaba el creciente orgullo de saber que la patata había florecido.

Una entrada de blog como ésta no da para mucho y me dejo un montón de detalles (como la caminata de 3K de vuelta hasta el Luas), pero en resumen: que estuvo de maravilla. Que me encantó compartirlo con tantos amigos. Y que me marche de allí con una sensación de triunfo difícil de explicar que me ha tenido flotando en una nubecilla de tontería desde entonces.


Eso sí… subir los cuatro pisos de escaleras de curro hoy ha sido una aventura!

Gracias de nuevo Victor por dejarme compartir por aquí lo vivido! En la próxima, llévate una bolsa de canicas para tirarlas en mi camino porque si no te paso seguro :D

Un abrazo a los lectores!

-Aurax aka Pitiflauticus

Posted on lunes, agosto 08, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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viernes, julio 08, 2016

Por alguna razón que aún no tengo del todo clara, la próxima carrera de mi calendario será la Rock'n Roll Dublin Half Marathon el domingo 7 de agosto. No he corrido más de 10km seguidos en los últimos dos años y raro ha sido el mes en el que ha acumulado más de 40km de carrera a pie, pero bueno, allí estaremos con el amigo postureo y con Alberto a intentar no morir en el intento.
Como el tema de la motivación ya está muy manido hoy voy a innovar un poquito, hoy voy a enumerar los factores que me animan y los que me frenan a la hora de salir a entrenar para este nuevo objetivo, a ver que sale.

FACTORES QUE ANIMAN

  • La báscula dándome los buenos días con sus números tendiendo al alza.
  • La expectativa de desplomarme exhausto en alguna esquina de Dublín.
  • Correr con dos buenos amigos.

FACTORES QUE FRENAN

  • Hay que cambiar un pañal.
  • "Joder que tarde es"
  • "Joder que pronto es"
  • Cinco minutos más.
  • El tiramisú de Aurora.
  • Hoy llueve (mañana también)
  • Las mallas de correr en la lavadora.
  • "Papa jugamos??"
  • Correr con dos amigos, que me van a ganar.
  • Hay que cambiar otro pañal.

Paro de escribir porque me está quedando bastante descompensada la cosa; aun me quedan las dos apuestas que tenemos en pie: correr con tutú y parar a tomar una pinta a mitad de camino, que no tengo muy claro en que columna las tendría que poner, me lo pienso y lo dejo para la próxima entrada. Mientras tanto, más me vale empezar a sumar kilómetros.

Y a vosotros, se os ocurre algo que anime o que frene para salir a entrenar? Ya me dejáis un comentario si eso.


Posted on viernes, julio 08, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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sábado, julio 02, 2016

Me desperté sobresaltado, no era de día todavía. Otra vez el mismo sueño, otra vez ella.

No había vuelto a pensar en ella desde que mi mujer y yo discutimos el tema; no me quedó más remedio que contárselo; todo quedó claro y mi compromiso fue olvidarla. No será difícil me dije, ya lo hiciste muchas veces antes.

Todo fue bien hasta el martes pasado, en el tren de vuelta a casa mientras dormitaba en mi asiento; al llegara a la cuarta, quizá la quinta parada, se abrieron las puertas y apareció ella; a escasos centímetros de mi, resplandeciente, llena de curvas. Iba con un hombre que no la merecía, no tanto como yo eso seguro; en ningún momento reparó en mi presencia, nunca lo hacían. Apenas pude aguantar un rato antes de bajarme y esperar en la estación a que llegara el siguiente tren. 

En el sueño siempre la misma escena: me levanto de mi asiento se la arrebato de las manos a su acompañante sin rostro y enfilamos la carretera a toda velocidad, sin mediar palabra, la lluvia mezclándose con el sudor y vamos perdiendo el aliento mientras nos alejamos de cualquier rastro de civilización.

No puedo sacarla de mi cabeza, tengo que hacer algo. Apenas si consigo mirar a mi mujer a la cara cuando me pregunta si todo va bien, si hay algo que me preocupa. Esa misma tarde tomo una decisión, ire a por ella. Ya no me importa que parezca egoísta ni lo que piensen los demas, solo se vive una vez, de vez en cuando hay que seguir los impulsos del corazón.

Justo antes de que anochezca llego a su calle, entro a la tienda donde se que voy a encontrarla. La encuentro al fondo distraída entre varias compañeras, la agarro suavemente y la acerco hacia mi, de nuevo sin mediar palabra; la noto ligera entre mis brazos, el corazón se acelera y una sonrisa se va dibujando lentamente en mis labios. Nos dirigimos a la puerta, me paro en el mostrador, respiro hondo y lo digo:

-Hola, me gustaria llevarme esta bicicleta por favor.



Posted on sábado, julio 02, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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martes, junio 14, 2016

Que ganas tenía ya de verte.

Te he traído un osito y cuando vayamos a casa vamos a ver Toy Story.

Estoy muy contento de que hayas venido, ahora ya somos tres para cuidar de Mamá.

Mira Papá, este es mi bebé, Adam ¿nos vamos a casa? 

Posted on martes, junio 14, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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martes, mayo 31, 2016

Este fin de semana tuvo lugar el Tour de Connemara, mi primera (y seguramente última) marcha cicloturista del año. Con salida y llegada en Clifden el apetecible menú constaba de 140 kilómetros eminentemente llanos a lo largo de una de las regiones más bonitas y salvajes de Irlanda. 


El sábado amaneció con un tiempo completamente primaveral por lo que me animé a añadir 11 kilómetros más a la ruta al ir en bici desde el B&B hasta la línea de salida. El terreno durante esta primera parte de la marcha es absolutamente espectacular, carretera paralela a la costa, increíbles vistas y verdes prados poblados de caballos (seña de identidad de la zona) que se apresuran a saludarnos a nuestro paso. El gran pelotón inicial, cerca de 2000 participantes, se va rompiendo poco a poco en innumerables grupos en los que resulta fácil ir encontrando acomodo. Sin ninguna presión voy jugando con mis fuerzas hasta que encuentro el ritmo que más me conviene, sabedor de que apenas he pasado la marca de los 100 kilómetros en los últimos años.


Mientras disfrutamos del paisaje y vamos charlando tranquilamente del increíble tiempo que nos acompaña llegamos casi sin darnos cuenta al primer avituallamiento situado en el kilómetro 50 de la marcha. Bizcocho, fruta, demasiada comida en definitiva, aunque tumbado en el césped mientras el sol juega al escondite entre las nubes resultaba fácil perder la noción del tiempo.

Terminado el refrigerio decido retomar la marcha, sin el amparo de un grupo y con un estómago demasiado lleno noto como me cuesta volver a encontrar el ritmo y los pequeños repechos del recorrido empiezan a notarse en las piernas más de la cuenta. Por suerte para mí consigo acoplarme a un pequeño grupo que me adelanta a una velocidad aceptable y gracias a ellos pasar con relativa comodidad los siguientes 40 kilómetros, justo hasta la primera subida “larga” del día en la que me descuelgan irremediablemente, ni el ritmo es alto ni la subida exigente, pero cuando llevas mucho tiempo montando en bici aprendes a aceptar mejor las leyes de la gravedad, y si estas te dicen que te descuelgues, pues lo haces y punto.

Rápido descenso hasta el segundo avituallamiento; reponemos líquidos, un poco de fruta y listos para afrontar los últimos 50 kilómetros en los que se acumula la mayor parte del desnivel de la prueba, es decir, más peleas contra la gravedad.


Voy avanzando con calma, desarrollos facilitos, sin agobiarme por los grupos que me van adelantando, me centro en las vistas, hemos cambiado la costa por las montañas y me alegro al descubrir lo inteligentes que han sido los irlandeses llevando las carreteras solo por los valles, ¿que necesidad hay de llevarlas hacia arriba?

Pasamos por la fotogénica abadía de Kylemore, 30 kilómetros para llegar, esto se empieza a hacer largo… En mi cabeza los últimos 10 tendrán el viento a favor, así que activo la cuenta atrás hasta llegar a este punto.

Justo antes de llegar a mi imaginario objetivo aparece sin previo aviso la mayor dificultad de la jornada, un “muro” de unos 2 kilómetros de largo con rampas al 8% como máximo y sin rastro del esperado viento favorable. Pensad lo que querais, pero me costó horrores, a partir de aquí tenía que ser un paseo triunfal y no un desfile de penitentes…

Coronamos y enfilamos la cuesta abajo, pasamos ya las 5 horas de pedaleo y más de 6 desde que salí del B&B con la fresca, tengo que buscarme excusas menos cansadas para tomarme unas cervezas... Llego por fin a Clifden, Aurora y Kilian animando con una sonrisa como siempre, aunque por dentro piensen ¿por qué has tardado tanto??


La merecida cerveza llegó, con la satisfacción del deber cumplido y Connemara nos obsequió con un domingo aún más espectacular, ola de calor incluida, ideal para apurar el viaje y despedirnos ¿hasta el año que viene? Quien sabe, con un nuevo inquilino en casa la balanza cada vez está menos de mi lado...

PD: no hago mención al debutante Alberto ya que me prometió que escribiría su propia entrada con su experiencia en la distancia corta, espero que en breve la podais leer por aquí.


 

Posted on martes, mayo 31, 2016 by Víctor Herranz Villagrán

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