domingo, julio 29, 2012

Era la última semana de Julio, siempre la misma semana. El Tour de Francia ha terminado, los recuerdos de la infancia y las ilusiones de toda una vida pedaleando se multiplican, acelerando el pulso y reviviendo las quimeras de las primeras pedaladas en las que de niño se empezaba a forjar, siempre con la misma sonrisa en la cara.

Como casi siempre le solía pasar, todos los días de esa semana, mientras no estaba en la bici, pensaba solo en la bici. Cuando por fin era la hora, su hora de pedalear, la vida cobraba otra vez sentido, las endorfinas circulaban y las ganas de volar sobre las ruedas hasta el infinito desplazaban la monotonía de lo rutinario.

Cuando se creyó preparado, eligió día y hora, y se dispuso a afrontar un puerto, una subida, para otros fácil, pero que para él consistiría su mayor desafio, la culminación épica de esa semana sobre los pedales. Nada más subirse a la bicicleta escuchó los primeros truenos, rayos y centellas, al parecer el destino tenía preparados otros planes para él. Haciendo caso omiso, y con la misma sonrisa en la cara, continuó su camino hacia el reto de ese día, la carretera empezaba a enfilar el cielo y las nubes negras a cubrirlo como un manto, pero en su interior seguía brillando con fuerza el sol de las ilusiones y los sueños.


Los kilómetros pasaron, y las primeras rampas del puerto aparecieron majestuosas, él sabía que sería doloroso y que solo con sufrimiento podría llegar hasta arriba, lo sabía por que había pasado muchas veces por lo mismo, pero aquello solo le daba fuerzas para seguir pedaleando. Las primeras gotas le empezaron a acompañar, primero finas, después gruesas, como la bienvenida burlona de los astros que  ese día habían decidido que no tocaba jugar a ser ciclista.

Cuando la tormenta ocultaba incluso la carretera, y ya estaba empapado hasta los huesos, no pudo más que aceptar la derrota, y dar media vuelta sin conquistar la cima deseada. La saña era tal que ante la imposibiliad de descender con la mínima seguridad, entro en el primer bar que encontró abierto buscando resguardo. Atónitos, los clientes de bar le observaban sin entender por que aun después de todo, aquel arlequín con zapatos extraños mantenía intacta aquella sonrisa en la cara. 

Aquel día, completamente sucio y mojado, había perdido la batalla, pero él sabía que aquella sonrisa jamás desaparecería, porque hacía mucho tiempo que había ganado esa guerra.

Posted on domingo, julio 29, 2012 by Víctor Herranz Villagrán

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domingo, julio 08, 2012

A la tercera va la vencida. Por fin, después de dos años siendo golpeados por las inclemencias meteorológicas, este año conseguimos completar la prueba reina del calendario de resistencia en bicicleta de montaña, las 24doce de Moralzarzal.

A mi me daban 3!
Como en los años anteriores, afrontaba el reto en la modalidad de equipos de 4 masculinos junto con varios compañeros del CC Guadarrama, en este caso los amigos David, Pepe y Juanito, manteniéndome yo como el único cabezota que ha repetido las 3 ocasiones, a pesar de los pesares... La parte buena de reincidir tanto en el intento, es que la incertidumbre sobre los preparativos previos, logística, gestiones, etc. es casi nula, más o menos, sabes cómo conseguir las carpas, el tiempo necesario para montarlas, que tipo de comida, bebida y material auxiliar llevar... Y con todo esto andado, los momentos previos se hacen mucho más llevaderos, ya que te ahorras sustos y problemas de última hora.
Con todo montado y preparado desde el día anterior, y con algo de retraso por motivos personales, llego a Moralzarzal cuando mis compañeros David y Pepe ya habían dado 2 vueltas cada uno, justo al mismo tiempo que Juanito, en este caso decido ser el último en salir para intentar pillar el recorrido lo más limpio posible en las horas de mas calor, y tratar de sacar vuelta rápida, que es lo que marca la clasificación de cada equipo en caso de igualdad de vueltas.

Un poco antes de las 16h recojo el chip de manos de Juanito, y salgo con fuerza, conozco el recorrido bastante bien, aunque en realidad nunca lo he hecho con menos de 2 palmos de agua en su superficie... La primera subida se hace llevadera, procuro ir con cadencia ya que serán muchas las vueltas que tenga que dar, el circuito sigue cargado de gente, pero se puede adelantar más o menos con fluidez, y aún bastante fresco afronto la primera bajada técnica. Rápidamente noto el cambio respecto al año pasado, el terreno está sequísimo, muy suelto, y especialmente en las curvas hay que tener un extremado tacto para poder controlar la bici. Llego al final de la bajada con sensaciones contradictorias, bien de fuerzas pero "extraño" con la bici... consciente de que he perdido tiempo en la bajada, muevo fuerte el plato en la siguiente parte favorable. Me sigo encontrando bien, y justo al abandonar la parte de camino ancho para entrar en un sendero, un salto mal calculado resulta en un fuerte llantazo contra el borde de una zanja... no llego a perder el equilibrio, y deseo con todas mis fuerzas que el liquido antipinchazos de la cámara tape el presumible agujero, pero al cabo de 1km, el aire se escapa irremediablemente de la cámara y no me queda mas remedio que echar pie a tierra, pinchazo y a reparar, cuando únicamente llevo la mitad de la primera vuelta.

Tras dar unos gritos para soltar adrenalina, cambio con calma la cámara, asegurándome de meterle buena presión, y afronto la vuelta y media que me queda con fuerza, pero con cautela, si vuelvo a pinchar, me toca volver andando, no tengo más recambio.

A mi la zanja!!
Acabo mi relevo sin más problemas y le entrego el chip a David para que continúe la marcha. Lo primero que hago es revisar bien la bici para intentar deshacerme de esas sensaciones raras que he tenido sobre todo en las bajadas fuertes, suerte que mi mecánico particular anda cerca y me la deja perfecta en unos pocos minutos.

Me quedan 3 horas para el siguiente relevo, hidratarse bien, mantener el estomago trabajando e intentar descansar las piernas es todo lo que hay que hacer hasta entonces, parece fácil... Pero si algo tiene de especial esta prueba, es que casi durante las 24 horas estás recbiendo visitas de gente conocida, familiares, compañeros de club, conocidos, contrincantes de otros equipos... así que casi sin darme cuenta son ya las 9 de la tarde y tengo que ir preparándome para recibir de nuevo el relevo.

Vuelvo a salir fuerte, me encuentro bien, casi no hay gente en el circuito, está empezando a anochecer y la temperatura es idónea, se me hace muy fácil la primera parte y afronto con confianza la bajada, la bici va perfecta y veo que llevo un tiempo muy bueno. Sigo moviendo el plato, corrijo errores en las zonas técnicas y aprieto con fuerza en las favorables, un pequeño malentendido al adelantar a otro corredor me hace perder la inercia en la parte más estrecha del circuito, pero aun así doy todo lo que puedo porque creo que puedo mejorar la vuelta rápida del equipo. Llego a la última recta, cruzo la meta, y veo que se me ha ido por unos segundos... vaya calentón!! Ya es casi de noche, enciendo las luces y me guardo las gafas de sol en el bolsillo. Al hacerlo me doy cuenta que esta vuelta he olvidado coger cámara de repuesto, al utilizar la que siempre llevo en el pinchazo anterior. Me tomo la vuelta con calma, no merece la pena hacer locuras. Llego de nuevo a meta y paso el chip, toca intentar descansar.

Esta vez si, me noto más cansado, además de que hay hambre. No hay visitas a las que atender ni ningún otro asunto urgente, así que, después de darle un manguerazo a la "burra" y una ducha rápida, me siento tranquilamente a degustar un buen plato de pasta mientras charlamos entre los compañeros, contentos por encontrarnos más arriba en la clasificación de lo que ninguno habríamos esperado.

La espera se hace más larga, hace viento, y la temperatura es cualquier cosa menos agradable. Aunque empieza a haber sueño, intento no dormirme, puesto que creo que será contraproducente para el relevo nocturno. Llegan las 2 de la mañana, casi en el mismo momento que entro en la carpa de relevistas para esperar a Juanito le veo llegar por la meta, o este ha ido muy deprisa, o me he despistado pero bien... Cojo el chip, enciendo luces y salgo a por mis dos vueltas. Ya en la primera subida noto las diferencias... las piernas están como palos, el sillín parece más duro que nunca, y después de 5 minutos, me doy cuenta que me he abrigado demasiado. Hacía mucho que no montaba de noche, no me encuentro cómodo, la luz del casco no alumbra donde yo quiero, y la del manillar se mueve más de lo que me esperaba. La primera vuelta es un fiasco, mucha desconfianza y casi 10 minutos más que el tiempo normal de día... a esto se refieren cuando la llaman prueba de resistencia. La segunda vuelta va algo mejor, coincido con un conocido, y hacemos parte de la subida charlando, la bajada con calma, aprovechando la luz de los que me preceden. El resto del circuito lo hago de memoria, a ritmo tranquilo, y con las piernas bastante castigadas, me apena bastante darme cuenta que me falta fondo después de solo 4 horas pedaleando.

Entrego el chipo a David, y vuelvo a nuestra "hayma"; con este punto de fatiga, solo queda una opción: hay que intentar dormir. Me pongo ropa seca, me siento, charlo un poco con los compañeros, y me enfundo en el saco. Son aproximadamente las 4 de la mañana, y a las 7 tendré que estar de nuevo listo para afrontar dos vueltas más. Después de vueltas y vueltas buscando la postura idónea logro dormirme. Sueño ligero y poco reparador, que apenas llega a una hora de duración, me despierto, doy alguna vuelta más, y al comprobar que va a ser imposible dormir de nuevo, me pongo en marcha. Un café, un pequeño desayuno, revisión rápida a la montura, y a esperar que me toque de nuevo el relevo.

Hora de despertase.
Debatimos un poco entre los compañeros como va la cosa. Estamos contentos por que seguimos manteniendo un puesto entre los 20 primeros, comentamos la posibilidad de pasar ahora a relevos de 1 vuelta para mantener un poco mejor el ritmo, pero ya estamos cansados incluso para pensar con claridad, así que mantenemos las dos vueltas por corredor. Me vuelvo a disfrazar de ciclista, hago cálculos y me doy cuenta que este será mi último relevo en las 24doce de este año, aunque aun cansado  no puedo evitar que me entre algo de pena sabiendo que pronto se acaba lo bueno.

Son casi las 7.30h, el cielo ya está casi del todo iluminado y despejado; la temperatura sigue siendo fresca, pero el desagradable viento ha perdido fuerza. De nuevo entro en el circuito a buscar mis dos vueltas, intento borrar de mi mente palabras como fatiga, dolor, cansancio... y parece que funciona, vuelvo a ser capaz de mover el plato, y afrontar la subida con confianza. Aun somos pocos corredores en el circuito, y la sensación de montar en bici visualizando los últimos rayos del amanecer sobre la sierra es tan bonita que compensa por si sola todas las horas que llevamos invertidas. Justo en el tramo de pedaleo después de la bajada un corredor que venía a mi rueda, me anima a que vayamos relevándos, no lo dudo y le sigo la iniciativa, aunque no se note igual que con la bici de carretera, a estas alturas de la carrera, cualquier ayuda es buena. Por suerte los dos parecemos contar con las mismas fuerzas y somos capaces de relevar con buen ritmo manteniendo una velocidad bastante aceptable. Sin embargo, al llegar a una de las partes técnicas del circuito, mi improvisado compañero pincha la rueda trasera, y se ve obligado a parar a cambiarla, mientras yo le doy las gracias y continuo relevándome solo.

La última vuelta la doy con calma, sin esrtés por el crono, ya no tengo fuerzas para records, y lo único que tengo que hacer es llegar para que mis compañeros completen las 24h. Disfruto de cada subida, de cada piedra, de cada salto. No puedo evitar recordar como estaba la situación a estas alturas en la prueba del año pasado... y aunque parezca mentira, no recuerdo lo desastroso del circuito, al frio que pasamos o la cantidad de barro que tenia toda la ropa, si no que vienen a mi mente las mismas sensaciones de felicidad mientras veía amanecer y disfrutaba de las últimas pedaladas, de la misma forma que estoy haciendo ahora.

Con estos pensamientos y sin ningún otro percance de relevancia, llego a la meta de mi segunda vuelta, completo el ritual de entregar el chip a David, y me quedo solo en la carpa de relevos a saborear tranquilamente el momento. Me debato entre la satisfacción de haber corrido bien, la plenitud de las sensaciones vividas, y la nostalgia de que, por este año, ya se ha acabado.

Al final, todo resultó mucho mejor que lo esperado, y tras completar mis compañeros sus respectivas vueltas, justo cuando el reloj marca 23 horas y 45 minutos, Juanito cruza por última vez la línea de meta, certificando una fabulosa 17º posición para el Club Ciclista Guadarrama, y dando por finalizado un día de auténtico MTB.

Un equipo de 17!
Si habéis llegado hasta aquí, aparte de tener un merito infinito, no tendréis ninguna duda de que el año que viene caeré una vez más en apuntarme a esta preciosa prueba, y si os pica la curiosidad, aunque sea un poco, no lo dudéis, apuntaros de cabeza, no os arrepentiréis, y seguro que no necesitáis 3 años para poder acabarla... no como otros!



Posted on domingo, julio 08, 2012 by Víctor Herranz Villagrán

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