viernes, agosto 30, 2013

Exhaustos, sentados en las escaleras del ayuntamiento, los dos amigos, comentaban como había transcurrido el desafío al que se habían enfrentado solo unos momentos antes, ir hasta la entrada de la vieja granja y volver. El dueño del bar había retado a todos los jóvenes del pueblo, pero los dos amigos sabían que únicamente ellos optaban al premio final: el suculento refresco que ahora compartían. Todo el pueblo lo decía, uno de los dos ganaría la carrera que cierra las fiestas de la virgen, no tenían rival.

Como cada verano, los dos amigos se convertían en los mejores amigos, sus bicicletas se convertían en un apéndice más de su cuerpo, y las calles de aquel pueblo casi deshabitado testigos inmóviles de sus aventuras. Poco importaba que el resto del año no supieran nada el uno del otro, durante esos meses no había nada ni nadie que los separara, no había pinar suficientemente lejano, ni camino inaccesible que no pudieran explorar con sus inseparables bicicletas. No había mejor sensación en el mundo que la que compartían los dos amigos sobre ruedas.


Lo que no sabían los dos amigos, era que ese año, ese verano, esa carrera de fin de fiestas, estaban viviendo los últimos momentos de su inquebrantable amistad. Ninguno podía imaginarse que al final del siguiente curso en lugar de vacaciones en el pueblo, habría un campamento de verano, que la familia preferiría a la playa o que el pueblo acabaría perdiendo su habitual repoblación veraniega. Nunca habían pensado que sus bicicletas, que tantas veces rodaron juntas, se separarían en un desvío de caminos para no volver a encontrarse.

Aun hoy, mientras recorren interminables kilómetros en sus modernas monturas, los dos amigos se sorprenden recordando aquellos veranos, aquel refresco compartido, aquella última carrera que uno de los dos ganó, aquella sensación de inigualable libertad. Seguramente sus pensamientos se crucen en el horizonte, y quien sabe si algún día, quizá en el ocaso de su viaje, ambos lleguen pedaleando hasta el mismo desvío de caminos que les separó.

Juventud, bicicletas y verano, una historia de una vida, y una amistad perdida.

Posted on viernes, agosto 30, 2013 by Víctor Herranz Villagrán

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viernes, agosto 02, 2013

Después de soltar lastre con el post de la semana pasada, de descansar totalmente durante 3 días, de poder entrenar un par de días con temperaturas más amigables y sensaciones menos malas, y de encontrar finalmente algo más de tiempo para dedicarle a la bicicleta, parece que agosto se presenta con un inicio prometedor, recuperando poco a poco tanto las ganas como las buenas sensaciones.

También ayuda que mis malos augurios de la semana pasada no se hayan cumplido, y finalmente sí que se vaya a realizar el Duatlón Popular de Alpedrete, el próximo sábado 31 de agosto, al cual por supuesto ya estoy inscrito y deseando volver a participar después de mi ausencia en la pasada edición.

Y como guinda a las buenas noticias y los motivos para recuperar la motivación, no me resisto a mencionar que ya tenemos todo preparado para la II Ruta Nocturna MTB "Alto de `La Jarosa", el próximo sábado día 24 de agosto, organizada con mucho mimo por el Club Ciclista Guadarrama, la cual no os deberíais perder, tanto por el precioso entorno en el que se desarrolla, como por el ambiente y las sensaciones de rodar debajo de la Luna, y por supuesto por la gran barbacoa que degustaremos al final. Por si a alguien le interesa, tiene toda la información aquí.



Además de todo esto, con agosto han empezado mis vacaciones, así que me temo que ya no hay sitio para las malas sensaciones y los lamentos. Empezamos.


Posted on viernes, agosto 02, 2013 by Víctor Herranz Villagrán

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