¿Y ahora qué? ¿Qué es un globero sin su bici? ¿Quién compra las bicicletas robadas?

Una semana ha pasado ya desde el robo de mis bicicletas, de momento sin ninguna noticia de su paradero. Ni la más mínima pista, a pesar de que recibimos incluso la visita de la policía científica para recopilar huellas en la escena del robo; ni tampoco tras las múltiples horas invertidas en Internet buscando en páginas de segunda mano, foros y demás páginas donde se puede encontrar este tipo de material. La búsqueda continúa.

Una semana entera para digerir lo sucedido, para lamentarse, para reprocharse a uno mismo el haber sido tan confiado, una semana para sentir rabia, impotencia, desilusión… para reflexionar e intentar analizar por qué la perdida de algo meramente material puede dejar un vacío tan grande. Para darte cuenta de que las bicis no son solo bicis, sino que significan ese lugar en el que tu mente se refugia ante situaciones adversas; que una bici no es algo inerte, sino también lo que representa: libertad, felicidad, descubrimiento, superación, esfuerzo, vida… Una semana para darte cuenta de que eres capaz de relacionar cada época de tu vida con la bici que tenías en ese momento, y encontrar a modo de postales en tus recuerdos cada momento de disfrute vivido sobre ellas… 
Una semana para constatar que filosofar no es lo mío.

Una semana para comprobar que, a pesar de todo, soy una persona con suerte. Sin haber tenido que pedirlo siquiera, he visto como todo mi entorno se volcaba en intentar ayudarme, y como en las redes sociales la historia corría como la pólvora, las más de 1200 visitas al blog durante esta semana así lo atestiguan. Soy una persona con mucha suerte, porque antes incluso de que pudiera asimilar lo que significaba no tener bicicletas, ya había recibido innumerables ofrecimientos de amigos para prestarme la suya, algunos incluso a los que ni siquiera conozco en persona, desde aquí mi agradecimiento a todos y cada uno de ellos. Finalmente he aceptado el ofrecimiento de mi cuñado, no solo por la confianza familiar (y donde hay confianza ya se sabe) sino por la certeza de que ha utilizado su bici de montaña solo tres veces en los tres últimos años, gracias a él tengo Mountain Bike para al menos quitarme el gusanillo.


También ha habido tiempo durante esta semana para hacer cuentas y valorar las opciones de comprar nuevas bicis, pero no solo es difícil a nivel económico, ya que acabamos de cambiar a un coche más grande para que nos cupieran las bicis junto con todas las cosas de Kilian (irónico verdad), sino que tengo la ridícula sensación de si en algún momento me compro bicicletas nuevas, habré asumido sin más esta derrota…

Respondiendo a la pregunta que da titulo a la entrada: ¿Y ahora que?: 

Ahora vamos a seguir buscando, no queda otra.