Llevo participando asiduamente en duatlones desde 2009, y en algún que otro triatlón desde 2010. Desde el principio me tomé bastante en serio esa máxima del entrenamiento del multi-deporte que indica que tenemos que dedicar más tiempo a aquellas disciplinas que se nos dan peor, y menos a aquella en la que tenemos mejor rendimiento.

En mi caso tenía incluso donde elegir ya que era igual de malo tanto en carrera a pie como en natación, aunque por comodidad y conveniencia empecé a priorizar la carrera a pie, hasta el punto de haber hecho más sesiones “running” que incluso de bici durante los dos últimos años.


Es cierto que al empezar desde un nivel tan bajo, es fácil ir viendo mejoras con relativa rapidez, y también lo es que para mantener un nivel de forma aceptable es necesario invertir mucho menos tiempo del que te hace falta en la bici.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, no me apetece correr. No tengo ganas, no siento necesidad, no me remuerde la conciencia si llevo una dos, o tres semanas sin salir a correr. De hecho, desde mi caída en el pasado Duatlón Cross de Sanse únicamente he salido a correr dos días, y casi obligado por no llegar sin ningún entreno a la VI Vuelta a la Jarosa, a la cual finalmente no pude acudir por causa de fuerza mayor.

Me apetece volver a la bici, tengo ganas de recorrer más y más kilómetros, siento la necesidad de volver a subir puertos y recuperar consistencia en mi moreno ciclista, y a eso es a lo que me voy a dedicar este año, sin ningún objetivo ni pretensiones, solo volver a sentirme ciclista.

Supongo que las ganas de correr llegarán de forma natural en algún momento, y más teniendo en cuenta que el próximo evento que tengo planificado es el triatlón Xterra de Madrid, aunque tampoco me preocupa demasiado, cuando tenga que empezar a correr detrás de Kilian me servirá para seguir progresando.

Mientras tanto, seguimos.

PD: de la piscina ya si eso os hablo otro día.