Ayer era un día especial en mi calendario globero, era el día en el que iba a hacer mi primera marcha cicloturista en Irlanda, después de mas de un año desde Los Monegros, y 10 meses desde que llegamos a Irlanda, la verdad es que temía unas ganas tremendas.

Organizada por el club ciclista local de Blessington y aportando el importe íntegro de la inscripción a la asociación del Síndrome de Down de Irlanda, lo cierto es que la marcha Cycle4DSI resultó ser bastante distinta a lo que estaba acostumbrado en España, sin chips ni tiempos de ningún tipo, con salida "libre" entre las 8 y las 10 de la mañana y sin ningún tipo de negocio ni parafernalia adjunta al evento, simplemente un puñado de voluntarios dando dorsales, señalizando cruces y velando por los participantes, lo justo y necesario, y todo perfecto.

Como la intención era ir tranquilos, Lukasz y yo nos presentamos pronto en la salida para empezar a rodar con calma y sin aglomeraciones, ya que no sabíamos muy bien lo que nos esperaba, para el también era la primera. El día se presentaba bastante decente para lo habitual en la zona, con la única pega del viento, eterno enemigo de la bicicleta.


Nos ponemos en marcha poco antes de las 9, justo cuando la afluencia de coches es mayor, pocos ciclistas en la ruta por tanto. Los primeros kilómetros trascurren en las cercanías de Blessington rodeando el lago Liffey, terreno favorable con algunos repechos traicioneros que vamos pasando sin muchos problemas gracias al viento que de momento sopla a favor.
Con la única excepción de los voluntarios en los curces, y las pintadas con señalizaciones en el suelo, la sensación es la de estar haciendo una salida de un domingo normal, aunque poco a poco se va notando más presencia de ciclistas, en ningún momento vemos grupos mas grandes de 10 - 15 personas, ni se notan aglomeraciones ni nervios muy típicos en otras marchas que participé en España.

Después de bordear el lago, más o menos a la altura del kilómetro 30 empezamos la subida a la primera dificultad montañosa del día, Sally Gap, puerta de entrada al parque nacional de Wicklow Mountains, es subida larga y tendida, sin grandes porcentajes y contando todavía con la ventajosa compañía del viento a favor. 


Al llegar a la cima la cosa ya se empieza a complicar, en lugar del esperado descenso, nos esperan unos 10 kilómetros de terreno rompepiernas y con un fuerte viento ahora ya si en nuestra contra. Ahora es donde empezamos a gastar energía de verdad, se hace muy difícil ya no solo dar pedales, sino simplemente mantenerse encima de la bicicleta, aunque poco a poco e intentado sacar algún relevo de los compañeros que vamos encontrando por el camino, llegamos al descenso de verdad, aliviados al saber que justo al final del mismo nos espera el avituallamiento.



Tras un café caliente y unas galletas, nos ponemos otra vez en marcha ara afrontar la subida más dura del día, Wicklow Gap, algo más de 6 kilómetros con rampas de hasta el 13% y viento en contra. La cosa se pone seria, en cuanto dejamos Glendalough a nuestras espaldas perdemos la escasa protección que nos daban los árboles. Así el único remedio es poner el desarrollo más cómodo e intentar aguantar los zarandeos del viento.
Cada unos nos vamos adaptando a nuestro ritmo y poco a poco me voy alejando de Lukasz, en este momento si que echo un poco de menos los típicos pelotones de las marchas españolas en los que poderte resguardar un poco del viento... Después de muchas eses y con un creciente dolor en la espalda (mucho tiempo que no pasaba tantas horas en la bici) llego a la interminable última rampa de la subida, consigo coronar y me dispongo a esperar a mi compañero que llega un poco más tarde a su ritmo. 



Con un viento aun más fuerte si cabe, empieza a llover mientras afrontamos la bajada, por lo que esta vez tampoco podemos aprovechar el descenso para recuperar demasiado, toca dar pedales de verdad, al menos hasta que llegamos a la trampa de la jornada, otra cota de 3 kilómetros con rampas de hasta el 10% en la que lo paso algo peor de la cuenta al no poder apenas ponerme de pie según el dolor de espalda va empeorando. Pasamos el trago, y reemprendemos el descenso hasta el pueblo más cinematográfico del día, Hollywood, foto de rigor y a por los últimos 10 kilómetros de falso llano hasta llegar de nuevo a Blessignton.


De nuevo con el aire de cara y las fuerzas bastante justitas activamos el modo supervivencia para terminar como buenamente podemos los 105 kilómetros de marcha en algo menos de 5 horas, cansados pero muy contentos tras un día del más puro cicloturismo. Perfecta toma de contacto para la próxima experiencia en el mismo escenario justo dentro de 3 semanas, la Wicklow 100 esperemos que con la misma buena organización y sensaciones, y si es posible... con un poquito menos de viento!